Las elecciones son uno de los pilares fundamentales de los regímenes democráticos. Si bien no hay democracia sin elecciones, estas son solo uno de los elementos que la identifican y no necesariamente garantizan la calidad de la misma. Por eso, es necesario aunar esfuerzos para que los comicios se desarrollen en un marco de transparencia y de amplia participación ciudadana, pero, además, que se den otras condiciones como el pleno respeto al Estado Social de Derecho, el equilibrio y la independencia entre las ramas del poder público y el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado, entre otros.
Por haber tenido elecciones ininterrumpidas durante más de seis décadas, Colombia se precia de ser una de las democracias más estables y sólidas de América Latina. No obstante, contrario a lo que muchos creen o quisieran hacerles creer a los ciudadanos, esta aseveración no es del todo cierta y frecuentemente responde más a un mito que a la realidad.
Hechos reiterados –e infortunadamente vigentes–, como la compra de votos, el trasteo de electores y de jurados de votación, las amenazas y la violencia ejercida contra los ciudadanos, los candidatos y las autoridades electorales, son solo algunos de los factores que han afectado el pleno ejercicio del derecho a elegir y a ser elegido, consagrado en la Constitución Nacional, en su artículo 40.
También es importante llamar la atención sobre la utilización abusiva de medios legales –por ejemplo la financiación de las campañas– para incidir indebidamente en los resultados electorales o para obtener beneficios particulares.
Pero quizás lo más preocupante es la injerencia de actores ilegales y armados en los procesos electorales, y su manifiesta intención de influir en los comicios, bien sea para ser elegidos o para que personas cercanas a sus proyectos accedan al poder por esta vía. Las llamadas parapolítica y farcpolítica son claros ejemplos de ello.
A pesar de los esfuerzos realizados y de avances para enfrentar estos problemas, muchos de ellos persisten y seguramente van a estar presentes en las elecciones de 2010. Por ejemplo, en varias regiones del país se ha denunciado la manipulación de los registros electorales y el trasteo de votantes. Así mismo, son conocidas las intenciones de muchos de los congresistas y ex congresistas investigados por sus vínculos con la parapolítica de perpetuar su poder político a través de familiares, logrando que estos sean incluidos en las listas para el Congreso.
A estas amenazas se suman otras, quizás menos evidentes para algunos, pero no por ello menos perturbadoras. Entre ellas cabe mencionar la incertidumbre generada por los cambios en las reglas de juego electorales –por ejemplo la primera y, eventualmente, la segunda reelección presidencial–, por la indecisión del presidente Álvaro Uribe con respecto a esta última y por los efectos que ello tiene en el normal desarrollo de las campañas. Adicionalmente, la pobreza programática de las propuestas de los partidos y los candidatos, faltando solo un mes y medio para las elecciones parlamentarias y tres para las presidenciales, es otro factor que ensombrece el panorama electoral.
Si los colombianos queremos hacer de las próximas elecciones una demostración de confianza en las instituciones y en la democracia, debemos contribuir a hacerles frente a esas amenazas. Este es un reto y una responsabilidad que les compete a las autoridades nacionales, departamentales y municipales, pero también a todas y todos los ciudadanos.
¿Qué hacer?
Muchos se preguntarán: ¿pero qué podemos hacer? En primer lugar debemos escoger muy bien a los y las candidatas por los que vamos a votar. Esto implica informarnos sobre quiénes son y qué han hecho; si en el pasado fueron elegidos, preguntarnos cómo se desempeñaron en sus cargos y si cumplieron sus promesas electorales; si han tenido vínculos con sectores ilegales; si sus propuestas de campaña responden a las expectativas individuales y las necesidades de mi comunidad, entre otros aspectos importantes.
Debemos exigirles que pongan la cara por sus actuaciones y que se comprometan públicamente a rendir cuentas sobre sus actuaciones. Y debemos hacer respetar el derecho de poder escoger libremente a nuestros gobernantes, a no vender nuestro voto. Es decir, debemos votar de manera consciente e informada.
En segundo término, debemos convertirnos en observadores y vigilantes de las elecciones. Los ciudadanos, más que nadie, conocen lo que pasa en su barrio, su vereda y su municipio. Por esta razón, no pueden ser espectadores pasivos de las irregularidades que se cometan durante el proceso electoral, sino que deben actuar como gestores del cambio en las costumbres políticas.
En tercer lugar, debemos superar la apatía y salir a votar. Si bien en algunas elecciones la abstención puede ser una forma de expresión política, por ejemplo en referendos que requieren un determinado número de votos para ser aprobados, en elecciones como las parlamentarias este no es el caso. Votar es una forma de participación política y un ejercicio de ciudadanía activa.
Es importante, en cuarto lugar, comprender que los elegidos deben actuar como nuestros representantes y no como representantes de intereses particulares. Son quienes toman las decisiones más importantes para definir el rumbo del país en los próximos cuatro años, cómo se van a invertir los recursos y buscar soluciones para enfrentar los principales problemas de las comunidades; por ejemplo, el desplazamiento, la pobreza, la desigualdad, los derechos humanos, la corrupción, la violencia y, también, la educación, la salud, la vivienda y la cultura. Pero la responsabilidad no puede recaer solamente en ellos. Al escogerlos, de alguna manera los ciudadanos nos hacemos corresponsables de nuestro futuro y de que Colombia tenga mejores congresistas y mejores gobernantes.
Como en años anteriores, varias organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y organismos internacionales están trabajando para que los colombianos puedan ejercer el derecho “a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político”. Algunas de ellas son la Misión de Observación Electoral, MOE, (http://www.moe.org.co), Transparencia por Colombia (http://www.transparenciacolombia.org.co), votebien.com (http://www.terra.com.co/elecciones_2010), La Silla Vacía (http://lasillavacia.com), la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, (http://www.flip.org.co), Congreso Visible (http:cvisible.uniandes.edu.co) y el PNUD, entre otros de la cooperación internacional. Desde diferentes perspectivas y mediante diversas acciones, buscan contribuir a devolverles a las elecciones un papel central en la consolidación de la democracia en Colombia y a recuperar la confianza en las mismas.
Estas organizaciones cumplen un papel muy importante para ofrecer más y mejor información sobre las elecciones y para alertar sobre posibles riesgos e irregularidades en el proceso electoral. Esta es, sin duda, una condición indispensable para que este proceso sea más transparente. Sin embargo, la legitimidad y fortaleza de las instituciones, y en particular de las elecciones, pasa necesariamente por una ciudadanía participativa y exigente, que hace valer sus derechos, pero que también está dispuesta a cumplir con sus deberes.
En este año 2010, los colombianos vamos a elegir a 102 senadores, 165 representantes a la Cámara y Presidente de la República. A pesar de los innegables logros de los últimos años, los retos del país son inmensos. Una sola persona no puede resolverlos. Por eso, de quienes salgan elegidos, depende que Colombia pueda enfrentarlos con éxito.
*Artículo publicado en la revista Hechos del Callejón Nº 52.
Una publicación de: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD
Febrero - Marzo de 2010
http://hechosdelcallejon.pnudcolombia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=38:laseleccionesde2010&catid=51:febrero&Itemid=55